Mi problema desde siempre es que consigo perfectamente orgasmos cuando me masturbo; pero nunca por penetración. Sé que algunas me vendrán diciendo que a ellas no les pasa, o algún “macho” objetará muy triunfalista y confiado en sus dotes varoniles, que estoy “mal follada”. Algo así como cuando quedo con mis amigas en el Banana Split; al final acabo de los nervios por que ninguna de ellas es sincera. ¡Por el amor de Dios! ¿Cómo pueden mirarse a la cara y decir que todas están satisfechas con su pareja? Ya me entienden; que te pongan contra las cuerdas y te hagan ceñirte a las sábanas como si eso dependiera tu vida. Algo que al parecer todas mis amigas tienen bastante mamadito, porque según ellas, ninguna tiene días de : “¡Ay! Cariño lo siento, me duele la cabeza” o; “¡Ay! Cariño lo siento, pero me encuentro indispuesta”. ¡Que va! Todas ellas no ganan para braguitas, porque las mojan tanto, que el hilo de tender se les queda corto.

Al menos esos días me queda un atisbo de racionalidad, llegada desde la justa medida entre un hombre y un mujer cuando me confieso de estas cosas con el Bob; el dueño del local y que, aunque suene tópico; es homosexual y está realmente bueno. Alto, moreno, ojos verdes, cuerpo muy definido y además, tiene un gusto jodidamente bueno para la ropa. Muchas veces me he preguntado si también tendrá problemas de orgasmo con su novio. Seguro que no, los tío sois facilones: solo hay que lubricar, agitar, y ya está. Igual que un plato precocinado. Calentar y listo. Esto me hace recordar como en algunas ocasiones, algunos de los chicos con los que he mantenido relaciones que estaban tan salidos, que al ponerle las tetas delante de sus morros y ellos tocármelas, se han corrido sin más dejándome a dos velas. Es curioso comprobar como los tíos se desmienten ellos solos, cuenco verborrea entre ellos sobre cuándo perdieron la virginidad. ¡Cuanta testosterona desaprovechada!

No hace mucho me compré un vibrador para intentar probar conmigo misma. Algo así como realizar un experimento de “ensayo y error”. Lo compré por internet. No es que me diera de vergüenza comprar productos eróticos en tienda, pero ya saben como van estas cosas: ¿Una chica de veinticuatro años pidiendo un consolador y vaselina? Sí claro, ustedes dirán que es muy normal en los tiempos que corren pero, cojan ustedes y vayan a la farmacia del barrio a comprar una caja de preservativos, y ya me dirán que tal les ha ido.

El caso fue que me quedé tanto parejo. Mi madre acabó firmando el recibo del mensajero, y el paquete acabó en manos de mi madre, quien sin pensárselo dos veces lo abrió. Imaginaos el espectáculo. Señores repartidores: si en el paquete pone un nombre, por favor, no se lo entreguen a otra persona de la casa para cumplir con el reparto e irse a casa. Seamos profesionales por el amor de Dios.

Al final todo acabó con mi madre más roja que un tomate y yo, con una vergüenza que pedía a gritos que los siete infiernos de Dante me tragaran. No es que mi madre sea una santa, bien que he escuchado de pequeña gemir con mi padre, cuando ellos pensaban que estaba dormida; pero oigan, una tiene su intimidad y su corazoncito.

Una vez en con el paquete en mis manos, decidí ante mis constantes experiencias negativas con el sexo masculino; probar suerte con “robocop” dentro de mi vagina. Tal vez mis amigas tuvieran razón y fuera un poco especial con las cosas de comer; quien sabe. Aquel día tuve suerte y mi madre salió de casa. Un cosquilleo me recorrió la espalda deslizándose por mis entrañas hasta llegar a mi vagina. La muy, ya se estaba oliendo el tema y pedía a gritos celeridad en el asunto. Aunque no era para menos la verdad; me estaba poniendo cachonda solo de pensar en el dichoso aparatito rozando mi clítoris. Pensé dónde montarme la gran inauguración, y me incliné por la cama; mejor no arriesgar la primera vez con fantasías de película porno. Cerré mi cuarto con pestillo y bajé la persiana de mi habitación quedándome a medía luz. Estaba comenzando a sudar y mis manos temblaban como si aquella fuera la primera vez que me masturbaba. Saqué el vibrador de su estuche aterciopelado color rojo, lo observé un instante cogiéndolo con mis manos; y paradójicamente me vino a la cabeza una idea sobre lo kafkiano que debe de ser diseñador de vibradores:

-¿Cómo ha ido el trabajo cariño? -preguntaría la mujer del diseñadoras verlo entrar por la puerta.

-Regular -respondería el marido con desdén-. El director de diseño no se decide entre un pene de 16cm o uno 18cm.

Dejé el vibrador en mesita y me quité los pantalones quedándome con la sudadera. Deslicé mis braguitas hacia abajo dejándolas caer al suelo, mientras me acomodaba sobre la cama. Abrí las piernas y me toqué levemente, como si de un corredor calentara antes de la carrera. Mi corazón latía fuerte y la respiración se entrecortaba sin apenas haber empezado. Comencé a tocarme los muslos y llegué hasta los labios de mi vagina, dando un suave masaje con mis dedos. Mojé mis dedos anular e índice. Busqué mi clítoris y pronto sentí como el deseo recorría mi cuerpo. Con mi mano izquierda abrí mis labios mayores. Volví a humedecer mis dedos y comencé a dar suaves y acompasados movimientos circulares sobre mi clítoris. El calor se apoderó de mi. Hice un inciso me desprendí de mi sudadera y sujetador. Mis pezones se estremecieron al sentirse libre. Apreté mis pechos con mis manos. Metí los dedos en mi boca y mojé mis pezones. Busqué de nuevo mi clítoris y noté como mi fluido vaginal resbalaba hacia mi ano como fuente de virgen. Era el momento. Solté mis pechos y busqué desesperada el vibrador, pero mi ansia, hizo que cayera al suelo escapando de mi como gacela del león. Turbada por el deseo, me levanté de un saltó y cogí el vibrador del suelo. No volví a la cama. Que más daba ya el lugar; estaba cachonda y deseaba correrme. Me senté sobre la silla de mi escritorio. Levanté las piernas y la tenue luz a través de agujeros de la persiana acariciaron el pelo de mi pubis resaltando su color. Accioné el botón del vibrador y lo acerqué a mi clítoris. Un gemido apagado emergió de mis entrañas arqueándome sobre la silla. ¡Dios! Aquel cacharro era jodidamente bueno. La sutil y agradable vibración recorrió todo mi cuerpo. El orgasmo no tardó en dar señales de estar cerca. Acerqué la punta del vibrador en mi vagina. Despacio lo introduje hacia adentro según notaba como se mojaba con mi fluido. Marqué un compás lento, cadencioso; me gustaba. Una y otra vez lo introducía en mi vagina, y profundizaba en ella según se me dilataba más y más. Pero algo no funcionaba. El tren del orgasmo anunciaba su pronta salida y yo, todavía no encontraba mi billete. ¿Qué demonios pasaba? Me concentré en aquella nueva sensación pero todo se estaba desmoronando. Mi vagina se resecaba y lo que antes era una fuente del paraíso, ahora se acercaba a una fuente en el desierto. Mi amigo robotico ya no resbalaba dentro de mi. Cabreada saqué aquel trasto de mi coño y lo tiré al suelo. No pensaba perder aquel tren. Entregada al deseo mojé mis dedos con lascivia. Abrí los labios de mi vagina y me decanté por el estilo de toda la vida. Con mi pequeño y sutil dedo índice corrí mi clítoris una y otra vez. Entonces encontré el billete del tren. Con un intenso gemido me corrí mientras apretaba mis manos contra mi vagina, a la vez que me mordía suavemente el labio inferior de mi boca buscando más regocijo en a que placer que me embriagaba. Quedé en silencio sin moverme; inmóvil con las piernas abiertas, encontrándome a mi misma desnuda y sensible, acariciando mis pechos con suave ligereza pensar en nada. Había cogido el tren del orgasmo y ahora me deleitaba contemplando el paisaje a través de mi ventana.

Al poco el frío volvió a mi cuerpo y la realidad llegó para recordarme donde estaba. Me incorporé y volví a vestirme, mientras en mi cuerpo sonaban el eco de las campanas del placer conseguido. Me volví para buscar mi sudadera y mis ojos dieron con aquel inútil cacharro, que todas mis amigas mantenían que era el Adonis del sexo. No se equivocaban, al menos en lo concerniente en masajear , pero la sensación del vibrador dentro de mi vagina; dejaba bastante que desear.

Aquella tarde había conseguido sacar algo en claro: si quería llegar al orgasmo tenía que ser mediante la estimulación del clítoris. Algo que me estremeció al pensar que solo con la estimulación manual podría llegar a concebir un orgasmo. Eso, o tendría que armarme de paciencia con le “egopénico” problema de los hombres (como yo lo llamo). Y es que el problema tiene narices, porque muchas veces, una no tiene suficiente tiempo para conocer a la persona que tiene en frente. A ver; no te vas a pasar tres meses saliendo con un chico, solamente para charlar como cuando tenía quince años. Esto no funciona así, al menos ahora.

De ahí que me preocupe; y mucho. A veces hay que probar sin más, pero eso no te garantiza que el chico se vaya a comportar consideradamente, o vaya a tener en cuenta que muchas mujeres necesitamos estimulación manual. ¡Qué sabrán ellos de estimulación del clítoris! Hay mucho tío obsesionado con el tamaño de su pene, como si eso fuese la “octava maravilla” . Van directamente al agujero sin consideración alguna. Tal vez sea verdad eso que se dice sobre los hombres y su problema para encontrar el clítoris. Sí vale; aquí me vendrán los “machos” del principio, con la cantinela que ellos sí lo saben y que estoy “mal follada”, bla, bla, bla.

El caso es que después de acostarme e intentarlo con muchos chicos; una acaba quemada de ver como ninguno de ellos es capaz de ofrecerle lo que una busca. No sé muy bien como enamorarme de un hombre o como sentirme atraída por él, si luego en cuanto estemos follando no disfruto con él. Me puede gustar, resultar atractivo, puedo masturbarme pensando en él incluso, y estar más salida que el pico de una plancha; para luego estar enrrollándome con él, y sentirme considerablemente fría porque ya me temo lo que va a suceder. La penetración. Por lo tanto el sexo, el coito, soplar el fuelle, el toma y daca, no me motiva; y sin embargo me gusta, pero es que yo nunca disfruto ni me descargo. Es calentar y calentar, y ellos nunca saben como hacérmelo. Algo que resulta las veces un tanto violento. No sabes como pedirlo, como decir lo que te pasa, porque te pueden mirar con cara de sorpresa al decirles algo así como, “Oye, perdona, serías tan amable de practicarme el cunnilingus” .Eso por no contar la cultura que pueda tener el chico.

Imagino que por eso muchas de mis amigas, han acabado liadas con un tío mucho mayor que ellas por este tema. El del cunnilingus. Según me dicen es otro cantar, que es diferente; como si hubiesen encontrado la inspiración y llevasen el código genético de una mujer implantado en su cabeza. ¿Acaso sufren una evolución que pasa de su pene a su cerebro? Tal vez la sangre les llegue más a su cabeza y dejen de lado la importancia de un pene más o menos grande. Siempre he dicho que las películas porno hacen más mal que bien en la cabeza de un hombre durante la pubertad. Todo esto sin meternos en el tema de las “posturitas”; que eso tiene otro tanto que de que hablar.

Hay una cosa que me resulta realmente divertida con el cunnilingus. Exactamente cuando haces un “69”. Esa postura que tiene más de mito que de realidad; y si no que vengan y me lo digan a la cara. A ver, sinteticemos: Los dos estáis chupando, lamiendo y acariciando la vagina y el pene respectivamente, pero sucede; que cuando tú estás chupando bien, el otro que se lo está pasando de lo lindo, por lo que no puede estar trabajando contigo; entonces se plantea un círculo vicioso en el cual un “69” puede durar media vida. Disfrutar o trabajar; trabajar o disfrutar. No sé si esto viene concebido de serie con la postura del kamasutra, pero puede llegar a darse el caso que dos amantes se consuman uno al otro con esta postura. Menudo titular para la página de Sucesos:”Muere deshidratada una pareja mientras practicaban el 69″.

A lo que voy; que el patio está fatal y es lo que he dicho antes, que se preocupan demasiado del tamaño de su pene y del agujero. Porque como ahí es donde ellos disfrutan, pues no se dan cuenta que por culpa de esto; hay muchas mujeres frustradas, insatisfechas, enfadadas, amargadas, mal folladas (según los “machos”), y que esconden su problema por culpa de un hombre insensible que no sabe comprenderlas. Los tíos no te preguntan demasiado si tú estás sintiéndote excitada o estás recibiendo estímulos que te hacen sentir fría y no te está gustando. Ellos al agujero; ¡al puto agujero!

Por eso estoy cabreada, rencorosa, fastidiada, incomprendida y sobre todo: cachonda, muy cachonda. Jugar a la pelota no es jugar un partido de futbol. ¿Me entienden?

Ahora quiero salir con un chico, pero de verdad, no me fío nada de que me vaya a funcionar en la cama. Lo conocí hace unos días en el Banana Split. No, no es homosexual; aunque sí es cierto que me lo presentó Bob. Según me dijo después, es un chico muy sensible y sabrá darme lo que yo necesito, palabras textuales; aunque, no sé de dónde se ha sacado Bob todas esas intimidades. El caso es que reconozco que estoy obsesionada por encontrar un hombre que me lo haga bien en la cama, que me de lo que yo necesito y que me haga sentir cómoda. Que me excite y que se ponga condón sin que tenga que estar pidiéndoselo, o quede preocupe si estás lubricada, excitada o si está doliendo, y la saque para después te estimule con la mano, o con la lengua.

Puedo hacer cosas para que él se sienta cómodo, es decir: abrir las piernas y dejarme follar un buen rato, pero que voy a decir a estas alturas; a mí me aburre si no la saca de vez en cuando y me excita de alguna otra manera. Pero no, no lo hacen; y a mi me resulta un tormento psicológico. Porque realmente la penetración según se entiende, tienes que estar buscando el orgasmo tu misma, como intentando ir a más allá; tener ganas de recibir su miembro entre tus piernas con sola idea de estar siendo penetrada, simplemente te ponga a mil. Pero no sucede eso, porque estoy tensa y la sensación de roce no es nada del otro mundo. Mas bien me aburre. Me aburre.

Y no es para tomárselo en broma, porque en ocasiones me hace daño que me la metan. Se ponen”machotes” antes de tiempo, y el pene me está rozando alguna parte interior del útero que me molesta más que me gusta. Pienso que la penetración está valorada en exceso. Reconozco que puede haber mujeres que consigan correrse con la penetración, pero eso no deja que yo piense lo que pienso. Aunque no las tengo todas conmigo sobre esto: ¿Seguro que hay mujeres que alcanzan el orgasmo solo con la penetración? Pienso que la gran mayoría de mujeres somos de siervas del clítoris aunque otras no lo quieran reconocer por pudor. Que suerte tienen aquellas mujeres que “supuestamente” llegan al orgasmo por penetración y, según les nacen las ganas, de pueden hacerlo y que les salga bien. Eso motiva mas en una relación, que si ya estás empezando a obsesionarte, arruinándolo de antemano mientras te quitas las bragas, porque sabes que no disfrutarás. Te corta todo el rollo a ti, y a tu pareja. Algo que después te pesa mucho.

En ocasiones me quedo observando a otras mujeres desde mi ventana, cuando vienen a recoger a sus niños en el colegio que hay frente a mi casa. Las veo llegar solas, o acompañadas con su pareja, y pienso si serán sexualmente satisfechas. Si se lo hacen bien en la cama o sufren en silencio; pero no de almorranas. Por que es un problema lo que les cuento, y no se puede tomar a la ligera. Hay mujeres que esto lo llevan en silencio: como yo. Aunque tal vez ya no sea tanto al contárselo a ustedes de esta manera.

No se qué debo de hacer. Tal vez debería de acudir a un especialista, decírselo a mi madre o seguir los consejos de mis amigas sexualmente activas (según dicen). Aunque meditando sobre todo lo dicho; tal vez tenga una madurez demasiado activa en cuestiones de sexo porque: ¿Cómo le explico yo esto a un chico que solo quiere tener un lío conmigo y ya está? ¿Cómo se yo si quiero ser la pareja de un chico si no sé si voy a disfrutar del sexo? Los tíos de mi edad están más ocupados en aclarar sus impulsos sexuales, más que en pensar en lo que necesita una mujer. Bastante tiene en aclararse ellos con su problema *”egopénico” *como para meter más presión en la olla. La sensibilidad en un hombre llega tardía.

Mañana mismo por ejemplo, cuando me recoja el amigo de Bob del Banana Split. ¿Qué le digo? Porque a él le sucederá lo mismo, digo yo. Al fin y al cabo, alguien cuando encuentra una pareja, no quiere ser tan solo un amigo, compañero o confidente. La relación va más allá. Quiere que le cumplan en la cama y sentir como la pasión y el desenfreno los consume cuando hacen el amor. Si no, que sentido tiene estar con otra persona. No solo de pan vive el hombre. El sexo es un gran complemento para una pareja y si falla, o va mal, pues todo se va a “freír espárragos” por mucho que digan que hay más cosas en la vida que el sexo o el amor.

Me viene a la cabeza algo que escuché una vez en relación a todo esto que les cuento: Dicen que entre las mujeres, ninguna de ellas comenta si su pareja es una eminencia en la cama por miedo a que otra insatisfecha lo escuche, e intente llevárselo para si misma. Ahora que recuerdo esto, me veo en cierta manera reflejada. Tal vez yo sea de esas mujeres insatisfechas, obsesionadas con el sexo y con gansas de que me corran bien corrida. Es como ser un león en medio de una manada de gacelas, y no poder echarles el guante a ninguna de ellas porque están solicitadas por otros leones. O infringes la ley y te comes a una y esperas a ver que pasa, o te comes las ganas chupándote las patas.

No voy a negarlo, no merece la pena; es mejor asumir la realidad. Se sufre porque al final no sabes por donde poner solución a esta espiral de deseo y obsesión. He pasado muchos años con odio y rencor hacia los hombres; mal que me pese. Los veía unos idiotas egoístas. Estúpidos”egopénicos”. Pensaba que no se puede ser de esa manera, porque si la mujer no disfruta, entonces no querrá repetir y luego pasa lo que pasa: Al final lo paga la mujer tachándola de frígida o estrecha. ¡Menudos jilipoyas! Las pocas ganas que tienen, es a lo mejor; por lo mucho que lo intenta y no le sirve para lo que ella quiere. Por eso mis amigas mienten en el Banana Split, aunque ellas piensen que no lo sé. Algunas no dicen la verdad por miedo a que otra le quite su tesoro orgásmico, otras fingen ser felices en la cama y aseguran tener la pasión en sus bragas, y otras como yo, simplemente se quedan inertes mirando la falsedad encubierta mientras saboreo un Banana Split. Al fin y al cabo, una se come las ganas en soledad, esperando que algún día llegue ese príncipe azul que la haga disfrutar en la cama, como una perra en celo. Aunque suene mal esta terminología.

En fin amigas mías, “machos ibéricos” : no se me escandalicen si alguna o alguno de los que leen esta confesión se ruboriza o se siente ofendido. Al fin y al cabo, esta y no otra, es la realidad que acompaña al hombre y a la mujer desde que Dios nos dio un puntapié, y nos sacó del Edén por ser unos desconsiderados egoístas. Hagan acopio de vanidad, y miren a la pareja que tiene a su lado. Pregúntenles sobre sus gustos y fantasías, no se me queden en meros espectadores de final de fila; lean la sinopsis de la película, compren la mejor butaca para el gran espectáculo que significa el sexo, acomódense, y disfruten como niños con un saco de golosinas. Porque si pocas cosas buenas hay en la vida, esta, y no otra, es de lo mejorcito que Dios ha creado para el hombre y la mujer.

¡Ah!, y sobre todo queridos “machos”, dejen de dar por culo con el tamaño de sus penes, y preocúpense de buscar dónde está el clítoris, porque más de uno todavía piensa que es alguna fantasía que las mujeres se han inventado.

FIN

© Roberto Carrasco Calderón

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Nacido en 1976 en Valencia. Hijo adoptivo de la muy gloriosa Ciutat de Sueca (Comunitat Valenciana). Apasionado de las letras y cualquiera de sus maneras de expresión. Soy de aquellos que escriben con puntos y comas en el WhatsApp; qué le vamos hacer. Creo en la filosofía "Learning by doing". Runner maratoniano y fotógrafo autodidacta.
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